En la distancia, Josefina Aldecoa
Reconozco que me ha sorprendido muy gratamente este libro. Adentrarme en él ha sido como ir pasando a través de los ojos de esta mujer, desde su infancia hasta los setenta y siete años, por una parte de la historia de España: desde la República vista por una niña que iba a la Escuela hasta la cruda realidad de una guerra vivida por una niña de diez años, creciendo luego en los años de posguerra y bajo una dictadura. Realmente lo que nos rodea, lo que percibimos, la historia que nos toca vivir especialmente desde la infancia, nos condiciona, nos influye, nos forma.
Este libro es un fiel reflejo de que la vida son decisiones que vamos tomando; cada decisión es un paso que nos lleva a un lugar. En ese lugar, nos encontramos personas, personas interesantes que de alguna forma marcan nuestras vidas. Me encantó la descripción que hizo de cómo conoció a una mujer de ochenta años que resultó ser la primera mujer de Bertrand Russell: Alys Russell, lo único que ella hizo fue responder a un anuncio de esta mujer en Londres que se ofrecía a ayudar a chicas extranjeras a mejorar su inglés.
Interesante, atractivo. Este libro tiene la gran virtud de ser de tal forma descriptivo que mientras lo lees te trasladas a esos años, como si estuvieses viviendo lo mismo que ella y pudieses percibir lo que ella percibió.
"Todo se fragua en la infancia. Yo me reconozco en la niña que fui. En aquella infancia que terminó bruscamente un día de julio, cuando un rumor de motores se acercó por los aires y los aviones se precipitaron hacia Asturias para descargar sus bombas en tierras republicanas. En el comienzo de aquella etapa histórica también me reconozco. En la tristeza de mi abuelo, en el miedo de los mayores, en la amenaza latente, el silencio repentino que parecía inundarlo todo. En la espera de nuevos motores en el aire y nuevas explosiones a lo lejos".
"Todas las conductas estaban bajo sospecha en aquella posguerra miserable y tiránica que se estaba inaugurando. Habíamos empezado a viir bajo una dictadura. Los "paseos de provincia de siete a nueve y media" eran observatorios censores. ¿Con quién iba cada uno? ¿De qué discutían o parecían discutir? ... Muhcas veces me he preguntado si eso era así para todos o sólo algunos, los que se consideraban vencidos, tenían esa percepción".